Skip to content

10 años enseñando a mover cuerpos y lo que he aprendido sobre las personas

Llevo una década viendo cuerpos moverse. Cuerpos jóvenes, mayores, rígidos, laxos, doloridos y atléticos. Y si algo he aprendido en este tiempo, es que el cuerpo nunca miente.

El cuerpo es el "chivato" de nuestras emociones y nuestra historia.

He visto hombros que cargan con responsabilidades familiares excesivas (y están rígidos como piedras por mucho masaje que reciban). He visto pechos hundidos que protegen un corazón que ha sido dañado, cerrándose al mundo por miedo. He visto mandíbulas apretadas por palabras que no se han dicho.

No somos máquinas

A veces tratamos nuestro cuerpo como si fuera un coche: "me duele aquí, cámbiame la pieza o dame una pastilla para que deje de sonar la alarma, que tengo prisa". Pero no funciona así.

Enseñar Pilates me ha enseñado a mí a tener paciencia y compasión conmigo y conlos demás. He aprendido que un día un alumno puede hacer un ejercicio y al día siguiente, porque ha tenido un mal día en el trabajo o ha dormido mal, porque acaba de morir su padre y no tener equilibrio ninguno ni a penas concentración. Y está bien, está ahí, ha venido a su clase. Eso es compromiso.

Y lo sé, lo siento porque yo soy alumna constantemente, porque yo también practico Pilates, si supieras la de instructores que no practican. Sin práctica personal no hay comprensión profunda y real ni evolución personal ni profesional. Por muchas clases que llenes no es real es un espejismo, una farsa.

He aprendido que mi trabajo no es solo dictar ejercicios. Es crear un espacio seguro donde la persona pueda reconectar consigo misma. A veces, soltar una tensión física libera una emoción atrapada, y he visto a gente llorar en clase y está bien. Es una emoción que se está liberando.

Es un privilegio acompañaros en ese proceso. Gracias por confiarme vuestros cuerpos (y vuestras historias) durante estos 10 años.

Prueba una clase grupal por sólo 15€

Reservar tu clase